jueves, 3 de abril de 2014

Valió la pena


Generalmente se idealiza el pasado. Cuanto más remoto se encuentra ese Adonis, y no necesariamente por un factor temporal, más grandilocuente nuestra mente lo muestra.

Mientras se transita por el valle de la nostalgia, un sendero tan luminoso pero con un fulgor que puede llegar a opacar, se vislumbra que la alegría y la tristeza retozan.

Cuando solo quedan los resabios de esa dicha, de ese placer, de ese antojo que la vida o el destino, o a la puta cosa que queramos atribuir, nos lo dio y en un destello nos arrebató, es inevitable pensar si algo validero quedó.

Porque no sólo quedan la hambruna de ansias y el lánguido e interminable túnel del desconcierto, sino también surgen los porqués. Nace una responsabilidad que no buscábamos, que no se nos había cruzado ni por asomo. Y así mismo no podemos evitar preguntarnos: ¿habrá valido la pena?



miércoles, 26 de marzo de 2014

Elegir la tristeza


Hay muchos infortunios que pasan, y pasan de largo por la vida sin surtir efecto alguno, ya sea porque no lo merecen o porque a quien le suceden está muy ensimismado en la superficialidad o negado a sentir.

A veces uno elige mirar al costado, evitando aquello que trae congoja al corazón, porque éste ha sufrido demasiado o al menos esto se cree, (¿acaso hay medidor alguno para eso?), porque no tiene sentido llenarse de lágrimas que pueden ahogar la razón o que se invada la tranquilidad de la rutina. Así uno queda inmune, vacuo, inerte.

En la quietud emocional, dentro de la aparente muralla protectora, poco a poco se va consumiendo la esencia del ser.

Quien sufre, quien siente a flor de piel intensamente, así también puede buscar salir de ello, con la misma tenacidad, la misma pasión cual Ave Fénix.

En la desdicha hay algo muy positivo, el sentir.
El sentir nos humaniza, nos da libertad, nos hace vivir.


lunes, 24 de febrero de 2014

Lo que no se dijo

Esas palabras que no se exteriorizaron son las que más pesan. 
Son fichas para las eternas apuestas de la suposición, son puertas para sueños o pesadillas que repican en lo más hondo del ser.

No son sólo pensamientos o sentimientos estancados, también son respuestas vacías, como cajones inútiles en el armario de los recuerdos.

Generalmente se tiende a aconsejar a pensar antes de hablar, pues bien habría que añadir, y no de manera sutil, sino por contrario con fosforescente, que también hay que pensar antes de no hablar.

Supongo que no es justo andar regalando sabios discursos o dulces letras (porqué no ambas), a quien no las sepa apreciar o quien no sea un interlocutor confiable... Pero tampoco es sano llevar ese ancla in eternum.


No se quien lea esto, pero si leíste hasta acá, te digo que esto que escribí es para vos y también para mi.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Obnubilarse con lo desconocido

Las intrigas muchas veces superan cualquier realidad.
Porque no hay mejor manjar que el que aun no se ha probado.
Aunque ya nos deleitamos con tantos, siempre puede haber uno superior por conocer.
Súbitamente el resto se vuelve poco, mas de lo mismo, ya nada alcanza a saciar la sed de adentrarse en lo desconocido.

Para que surja un imperio hubieron sus soñadores, pero también había en que sostenerlo. 
Y cuando la fantasía ahogó las estadísticas y probabilidades, la gloriosa panacea se disolvió ante la ceguera de su creador.

Sin embargo, no siempre terminó en tragedia el hambre de soñar desaforadamente.
Quizás hubiera sido peor la falta de ese desenfreno que los excesos que podría desencadenar.
Si las acciones se limitasen a la seguridad de lo fáctico, probablemente no tendrían tanta grandilocuencia, no provocarían gran impacto.


Cualquier lógica se escapa de un buen soñador ya que las coherencias pueden ser posibles asesinas de los tesoros de la mente.

martes, 17 de septiembre de 2013

In Eternum

Dicen que la espera vale la pena cuando algo se desea mucho.
Pero por más que nos rebalsen las ansias, ¿ellas valen el tiempo, las ganas enfrascadas
en pensamientos?

Generalmente la paciencia es directamente proporcional al valor del tesoro que se busca, aunque a veces la desesperación, el cinismo o incluso el aburrimiento pueden pesar más.

La experiencia, la conciencia o el juicio propio muchas veces son enemigos del poder de determinación que se lleva dentro, y mucho más aun los ajenos que nos comparten otros.

¿Hasta cuando es prudente, es sabio o es siquiera sano seguir esperando?
Además, ¿de qué trata la espera?

Es una atadura mental a una utopía que no necesariamente es el edén que necesitamos.
Las probabilidades pueden ser anclajes a un suplicio, las conjeturas tratan de arrimar a una certeza que parece inalcanzable.


O quizás ésta sea la sala de estar para un festín que ofrece la vida.


martes, 10 de septiembre de 2013

Sin analizar


A veces en la búsqueda del sentido de los hechos, de las secuencias que se sienten relevantes, uno puede terminar perdiéndose a si mismo.

Si bien como seres cognitivos es algo innato el análisis, y muchas veces esto ilumina pasadizos mentales, otras tantas enceguece el desperdigue de información tanto empírica como engendrada en las propias sienes.
Por más que uno se sumerja acorazado en ese océano de suposiciones, supuestas personas, supuestos personajes, es más factible ahogarse en conjeturas que llegar a un acierto, o al menos algo que eduque la manera de atinar.

Hay situaciones que no merecen una mera interpretación ni tampoco ser archivadas, simplemente tomarlas como un eslabón más en la cadena de sucesos que recrean la vida. Eso no les quita merito, sino que las ubica en un peldaño inocuo.

Las intrigas que no se sacian, fagocitan la calma, consumen minutos que bien se podrían estar usando para una nueva experiencia.


lunes, 22 de abril de 2013

Momentos


Lo mágico en los primeros y lo trágico de lo últimos  es que ambos generalmente pasan desapercibidos hasta que se inicia el origen o el final de una historia.

Son tesoros enfrascados en minutos que bien pueden ser una fragancia eterna.
Son amuletos u advertencias, son cadenas mentales o un anzuelo para una aventura pasajera o para un boleto solo de ida.
Son inspiración para crear más de la misma índole, o para generar una némesis que los elimine o que los supere.
Su valor puede subir o bajar de acuerdo a lo que tasen los ángeles y verdugos de las emociones.
Generalmente van a parecer ínfimos los dichosos, ya que esos nunca van a tener la cantidad suficiente de minutos para saciar el hambre de felicidad que el espíritu humano suscita.

Pero también está ese momento inequívoco, ese que acelera las palpitaciones, que despega ojos y sienes cual nave espacial, ese mismo instante en que descubrimos que es nuestro.